Tres obras para disfrutar este fin de semana

Columna: Sinfoniando y de Concierto

Muy buenos días, amable lector.

Como primera columna del mes de marzo quisiera extenderle de manera personal una cordial invitación para que nos acompañe en el tercer programa de la presente temporada de la Orquesta Sinfónica del Estado de Veracruz (OSISMEV). La cita en esta ocasión es en Tlaqná, Centro Cultural, Sala Anexa, este domingo 16 de marzo a las 13 horas.  Tendremos en esta ocasión la fortuna de escuchar dos de los compositores mas importantes de la historia: Johannes Brahms y Ludwig van Beethoven, y complementando el goce de nuestros oídos disfrutaremos de una obra corta del compositor argentino Osvaldo Golijov. 

Ahora si entrando en materia, proponíamos en el 2019 en esta columna la idea de los clásicos como obras que trascienden la historia y llevan a generaciones sucesivas a incorporar obras de arte en el consciente colectivo que enriquece la constante búsqueda de identidad humana. Quisiera proponerle la exploración de ésta máxima sobre las obras clásicas:

  • Las clásicas son obras que cuanto más cree uno conocerlas por recomendación ajena, tanto más nuevas, inesperadas, inéditas resultan al escucharlas en vivo. 

Cuánto gusto nos da entonces proveer la oportunidad de escuchar obras maestras del repertorio orquestal. Tanto la Obertura Trágica de Brahms como la Sinfonía Pastoral de Beethoven hacen parte del enriquecedor acervo de obras que como director titular de la OSISMEV considero absolutamente necesarias para el crecimiento artístico de nuestros músicos. Pero son, ambas por mérito propio, clásicas en el sentido que nos reúne hoy: cada audición las renueva, las hace relevantes, las muestra perspicaces en nuestro contexto.

The Last Round, pieza para cuerdas de Golijov propone un paso mas en el reconocimiento sobre qué hace una obra clásica. Tomando como punto de partida la abundante producción de tangos que involucra a Carlos Gardel y Astor Piazzolla, nos encontramos con una obra que teje muchas melodías de fácil reconocimiento en una textura completamente contemporánea, recordándonos que somos el resultado de una increíble multiplicidad que converge en nuestra experiencia. En otras palabras, somos mas en cuanto a que escuchamos mejor.

Recordando a Kant: “Si voy a un concierto, ¿Qué beneficio real encuentro? Mi amor por la música es un amor desinteresado, y es éste amor precisamente el que me eleva, me hace mejor. El precio del conocimiento es el esfuerzo personal, no es posible comprarlo, hay que merecerlo, conquistarlo.”

Las obras clásicas son aquellas entonces que nos recompensan abundantemente por ése esfuerzo, la atención prestada, la búsqueda constante.

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